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Familias, Pediatras y Adolescentes en la Red. Mejores padres, mejores hijos.

Revista electrónica de información para padres de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)

Velar o desvelar: una experiencia personal

Kaoutar Achab, 14 años y muchas dudas (actualmente 24 años y madre de dos hijos)

Sabía que era un paso difícil, que cambiaría por completo todo lo que tenía en ese momento.
Un paso que sin confianza y sin apoyo no podría haber dado. Tenía que estar segura de que el velo era lo que quería.
Hablé con mis padres y no sentí prisas ni obligación, lo único que me dijeron: cuando quieras y cuando entiendas el porqué.
Pensé que con esa conversación me iban a resolver todas mis dudas, que me lo iban a poner fácil, pero no fue así. ¿Que había que entender, que más tenía que saber?
Tampoco era para tanto, es una simple tela, el día que no quiera, con quitármelo sería suficiente.
Busqué un día especial, un vestido precioso, una tarde espléndida de julio, para mi "inauguración".
Fui la última en vestirme, nada nuevo, mis padres bajaron al coche con mis hermanas y me quedé la última, antes de salir me coloqué rápidamente mi hiyab.
Pensé que mis padres se iban a sorprender, pero lo tomaron con mucha naturalidad.
Me veía bien, segura de mí misma, me gustaba mi imagen ¡¡ ESA ERA YO¡¡
Ese verano de 2.002 fue uno de los mejores veranos de mi vida. Me sentí libre.
Fui entendiendo poco a poco lo que conlleva y simboliza el hiyab. Velarme era para toda la vida, es entregar una parte de mí a Dios y a quien yo eligiera.
El hiyab me permite acercarme a Allah, me identifica y reafirma como musulmana.
Lo más importante es que soy yo la que le doy el significado al velo, y no al revés. Yo lo hago mío.
No es simplemente un velo externo, también es velar una conducta, transmitir unos valores, modales y respeto por mí y por los demás. Es aceptar unas normas morales, llevar una carga ética, unas obligaciones diarias como musulmana.
Velarse es someterse a Dios y no al mundo, "dejar" de alguna manera la vida mundana, no aceptar los estereotipos marcados y cambiarlo por una vida modesta y religiosa.
Que la gente me conozca por lo que soy, por mi manera de pensar, de ser, si mi discurso es interesante, no quiero que me traten de oprimida o fanática.
El hiyab me hace sentirme más cerca de Dios, es mi signo de identidad, me reconoce como musulmana y quiero que se me reconozca como tal.
Nunca sentí el hiyab como una obligación o imposición, nunca me sentí ni me siento sometida a nadie por el hecho de llevarlo.
En mi "corta" experiencia, ya que llevo "velada" 9 años, hubo momentos muy difíciles pero también por fortuna muy felices. Con el paso del tiempo le fui quitando importancia al hecho de ponerme un velo cada mañana, hay que tomarlo como algo natural, es más relevante el significado y mi conducta hacia la vida que la acción de taparme el cabello.
En este momento es difícil para las mujeres que llevamos hiyab tener las mismas opciones en el mercado laboral que una mujer que no lo lleva, pesan más los estándares actuales.
Si tuviésemos las mismas oportunidades de trabajo, habría menos mujeres sometidas, porque a mi parecer no somete el hiyab sino las condiciones y las limitaciones que tenemos hoy en día.
Mi absoluto respeto para las musulmanas que no llevan el velo, cada persona entiende la religión de distinta manera.